El caudillo dirigente

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Columna En la boca del tunel

Por: Fernando Jimenez

Fue quizás el dirigente que más me impresionó de cuando lo conocí. De fuerte personalidad. Era Augusto Moral Silva Santisteban. Fue en 1989, justamente el año que falleció de una penosa enfermedad. Por esos años los periodistas asistíamos a las asambleas de la ADFP que tenía sus oficinas en el Estadio Nacional. Ahí, era común ver en las sillas de atrás a Littman Gallo “Gallito”, Bruno Espósito, el colorado Carlos Chocano, “Papá” Zegarra de El Comercio, Manuel Doria y Enrique Roel, entre otros.

Una de esas noche de lunes, la asamblea estuvo picante. Alfredo Gonzáles empezaba su carrera dirigencial y ya mostraba fiereza en sus intervenciones. Pidió la palabra y gritando se dirigió a Moral: ¡No es posible que el árbitro haya perjudicado a la “U”! gritó. ¡Exijo justicia y que esos árbitros sean castigados!. Moral le replicó en todo fuerte: ¡Cállese la boca!. Alfredo reclamó otra vez y Moral lo frenó: ¡Cállese la boca o lo saco de la asamblea!. ¡Ahorita lo boto si no se calla!.. ¡No sea mal educado!. Alfredo agachó la cabeza y se volvió a sentar. En la sala hubo un silencio sepulcral.

Fue corrector en el fenecido diario La Prensa, por eso conocía a la mayoría de periodistas. Inclusive les había corregido sus textos. El armó la estrategia para que Percy Rojas y Eleazar Soria puedan venir a jugar por la selección para la Copa América 75. Se hizo muy amigo de José Epelboin, el capo en Independiente y cada llamada que hacía a Avellaneda, cedían a nuestros cracks. Antes no había fechas FIFA como ahora que los clubes tienen la obligación de ceder a sus jugadores del exterior.

Augusto Moral fue presidente de la ADFP seis periodos. Dirigió la entidad que maneja a los clubes profesionales, desde 1968 a 1975 y desde 1982 a 1989. Nacido en las canteras de Sporting Cristal, club en el que fue delegado, y con todo el respaldo que le daba la familia Bentín. Fue el único dirigente peruano condecorado por un Gobierno, en la cual se le agradecía por el título conseguido en la Copa América 75.

A fines del 89 ya estaba mal de salud. En las reuniones siempre agradecía a su médico de cabecera el Dr. Primo Pacheco. Las hemodiálisis que se hacía siempre lo tenían de mal humor. Uno de esos días le solicité una entrevista y accedió. Pero la verdad, mejor no lo hubiese entrevistado. Ante una pregunta fuerte que le hice tiró mi grabadora al piso. Más que enojarme me dio risa. Así era él. Ahora lo recuerdo con mucho cariño.