Ovación para un Gigante Deportivo

0
285

Columna En la boca del tunel

Por Fernando Jiménez

Ese fue el titular que le puso Oscar Vargas Romero, el 14 de octubre de 1988 cuando murió Pocho Rospigliosi. Fue en el suplemento que editó en el Diario El Nacional. Ingenio y talento periodístico de “Chapana”, un gran periodista versátil y dominador de varias secciones en el periodismo. Ovación era el programa radial que dirigía en Radio El Sol y Gigante Deportivo en Panamericana Televisión

Pocho fue el periodista más creativo e ingenioso que conocí en mis años juveniles. A fines de 1979 lo encontré en la revista El Gráfico tras una reunión con Ernesto Cherquis Bialo, director de la revista de mayor venta en Latinoamérica. Fuimos en un taxi al centro para cambiar dólares y de ahí al Bar Suárez de la avenida Corrientes y durante la conversación me dijo: ¿Quieres ser el corresponsal de Ovación?. Me tomó examen sobre el fútbol argentino y parece que lo impresioné.

Estuve con él hasta mediados del 81 cuando clasificamos para España 82. Por ese tiempo tuve una propuesta para escribir en La Tercera de La Crónica y decidí cambiar de camiseta. Pocho se enojó con mi partida. Inclusive le recriminaba a Freddy Lazo porque él me hizo llegar el carné para entrar a los estadios. En 1986 nos volvimos a amistar. Fue cuando me encontró en el Palco de Prensa en la cancha de Boca con Jorge Barraza, quien era redactor de El Gráfico. “Hola pata, hazme un favor grábame el partido”. Esa tarde jugaban Boca e Independiente donde jugaba Franco Navarro.

Pocho era un tipo divertido. Un día almorzamos en El Palacio de las Papas Fritas y se tomó 8 Coca Colas. “Me parece que está tomando muchas gaseosas”, le dije. Y me respondió: “No te metas pues, yo sé lo que hago”. Ya en la Copa América 87 cuando fue como enviado especial de El Nacional, lo llevé en el auto que me prestó un amigo al aeropuerto Ezeiza porque llegaba la selección peruana. Antes de eso me compré una barra de caramelos Hall con sabor a naranja. Cuando llegamos busqué mis caramelos que lo dejé en el tablero y debajo de los asientos. ¿Qué buscas oye?. Mis caramelos, le dije. Ya me los comí, pe, contestó riéndose. Se había comido toda la barra de halls.

Todo eso afectó su salud. Murió a los 59 años de diabetes y de varias operaciones al corazón. Hoy lo recuerdo a 30 años dos meses de su muerte. Sentí mucho su partida. Era un genio. Muchos aseguran que fue lo más grande del periodismo deportivo. Siempre habrá un antes y un después de Pocho.