Los fichajes de Cristal

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Columna del Lobo

Por Juan Carlos Esteves

Cristal siempre se caracterizó por contrataciones que remecieran el mercado futbolístico local. En su inicio, 1956, la familia Bentín fichó al goleador del torneo anterior  Máximo “Vides” Mosquera, así como a los uruguayos Dardo Acuña, Antonio Sacco y Carlos Zunino. Resultado: Lograron el título en su primer año de vida y por eso los celestes fueron conocidos como el “club que nació campeón”.

Pocos años después, exactamente  en 1959, hicieron noticia al contratar a la estrella crema Alberto “Toto” Terry, quien a pesar que llegó a La Florida con bombos y platillos, no destacó como en la “U” y menos logró un título con los celestes. Luego en 1963, Cristal se dio el lujo de traer a Waldir Pereyra “Didí”, quien con Brasil fue campeón mundial en 1958 y 1962. El brasileño la hizo de jugador y técnico. Con su incorporación, le dio categoría y prestigio al club rimense.

A finales de la década del setenta los rimenses  repatriaron a muchos de los jugadores que habían lograron alzar la Copa América de 1975. Héctor Chumpitaz, Juan Carlos Oblitas, Percy “Trucha” Rojas, Eleazar Soria, Oswaldo “Cachito” Ramírez, se olvidaron de su pasado crema para vestirse de celestes.  En el arco, hicieron regresar de Argentina al “Loco” Ramón Quiroga. En los ochenta, el club se conformó con fichar a jugadores que solo destacaban regularmente en el medio local. Pedrito Ruiz llegó con avanzada edad, pero igual fue suficiente para lograr el título de 1983.

Pero fue en los años noventa, donde los remezones por cada fichaje tuvieron mejores resultados.  Primero rompieron el mercado al comprar con una cifra exorbitante a Marquinho que había destacado en Boys. El brasileño fue un fracaso en La Florida. Pero luego no fallaron con Nolberto Solano, Jorge Soto, el portero uruguayo Julio César Balerio, el paraguayo Pedro Garay, el brasileño Julinho, el argentino Marcelo Asteggiano. Ellos fueron la base para el tricampeonato local y el sub campeonato de 1997 de la Copa Libertadores. Después de esa década gloriosa, los fichajes tuvieron poca  efectividad. El presupuesto para el club no fue el mismo. La familia Bentín dejó de ser dueña de la institución. Apareció otra visión de lo que sería el equipo. Para los nuevos dueños de la cervecería, Sporting Cristal no era la prioridad.

Hoy que Sporting Cristal tiene 62 años de vida, ya no es una constante en la institución cervecera dar golpe tras golpe en el mercado. En nuestro alicaído torneo local, muchas veces con futbolistas demasiados regulares, alcanza para ser campeón.  Sin embargo, cuando sale a competir en los torneos internacionales, la diferencia con los equipos extranjeros se vuelve abismal. El año pasado lo sintió, por eso no  le pudo ganar ni de local al The Strongest boliviano… Por todo esto, a esperar mejores momentos.