El Pájaro Campana

0
179

Columna En la boca del tunel

Por Fernando Jiménez

Era un día de junio de 1982. Estábamos en el barrio de Belgrano con Carlitos Fernández, mi gran amigo, el que me llevó a estudiar a Buenos Aires cuando tenía 19 años, y nos topamos con el brasileño Delem, crack que jugó en River Plate. Se conocían porque Carlos jugaba en los juveniles de River por esos años y el brasileño ya era un consagrado. Fuimos los tres a cenar a un restaurant cercano y percibí la estimación que se tenían ambos, inclusive se saludaban con un beso en la mejilla.

Cuando quieras búscame en Ríver”, me dijo Delem porque Carlos le contó que yo hacía la corresponsalía para La Tercera de La Crónica de Lima. Unas semanas después fui a cubrir un entrenamiento de River, ya que iba a jugar un partido por la Copa Libertadores y no había acceso a la prensa. Todos los periodistas estábamos en las afueras del Monumental esperando que salgan los autos de los jugadores y poder hacer algunas notas. De pronto se me ocurrió hablar con el vigilante (guachimán) y le dije que necesitaba hablar con Delem, quien dirigía a los menores de Ríver junto a don Adolfo Pedernera y Martín Pando.

¡Qué pase!, ordenó Delem y ante la mirada atónita de los colegas, entré sin hacer ruido y como pateando piedritas. Me fui a la cancha auxiliar donde entrenaban los menores y saludé a Delem quien estaba en el banco y me presentó a Pedernera y a Pando. ¿Qué es de Carlitos?, me dijo de entrada. Carlitos era un personaje en Belgrano, primo de Humberto Horacio Ballesteros. Me puse a ver la práctica de los menores. Un asistente dirigía el partido ante la atenta mirada del trio de formadores.

¿Quién de todos te gusta más?, me preguntó Delem. Le respondí que me gustaba ese flaquito que tenía mucha velocidad y jugaba de puntero derecho. Por ese tiempo aún tenía el pelo negro o castaño claro. Era Claudio Paul Caniggia. “Ese va a llegar, un año más y lo ponemos en primera. Por ahora hay que potenciarlo. Caniggia aún no cumplía los 16 años. Era uno de los tantos que ese buen trio de entrenadores sacó de sus inferiores.

El martes pasado Claudio Caniggia cumplió 50 años. Hizo una carrera espectacular. Fue un delantero sensacional en River y en la selección argentina. Rockero empedernido, nacido en Henderson, en la provincia de Buenos Aires. Calladito, sencillo, humilde. Casi el mismo carácter de Messi. Se casó con una chica snob, Mariana Nanis, una nena de la alta sociedad, acostumbrada a los lujos.

El Neto Cavagneri me decía ayer en la mañana que nunca se olvida de ese partido que jugó ante Camerún en el Mundial 1990 en Italia. Y yo no me olvido del gol que le hizo a Brasil en ese mundial tras pase de Maradona que jugó con un tobillo dañado. Ese era el Cani.