La columna del LOBO

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Columna del Lobo
Columna del Lobo

Por Juan Carlos Esteves

¡Así como Ricardo Gareca tras clasificarnos recientemente al mundial, cuenta con más de noventa por ciento de aprobación de parte de la hinchada nacional, alguna vez este gran porcentaje a su favor en nuestro país lo tuvieron los entrenadores  Didí en México 70, Marcos Calderón en Argentina 78 y “Tim” para España 82.

Pero hoy quiero escribir sobre  los brasileños Didí y “Tim”, quienes gozaban de mucho carisma y eran demasiados queridos en todo el territorio nacional.

Cuando Didí asumió la dirección técnica de la selección peruana tenía 40 años. Llegó precedido de dos títulos mundiales con Brasil como jugador:  Suecia 1958 y Chile 1962. Y aunque era su primera experiencia como entrenador, su gran fama como futbolista lo hizo ser merecedor de mucho respeto. En los entrenamientos de la Blanquirroja, se vestía de corto y  se consideraba un jugador más del equipo dándole al balón. Cuenta Roberto Chale que antes de viajar al mundial de México, confesó algo apenado: “Si hubiera sido peruano, fácil jugaba este mundial”.

Sabía llegar bien al grupo. Los motivaba. A “Perico” León le decía: “Tú eres gran jugador como Pelé”, a Chale: “Tú vas a ser el mejor jugador del mundial”, y a Cubillas: “Tú serás el goleador de México 70”. Lamentablemente en el último partido ante su país Brasil, decidió dejar de lado a “Chito” La Torre, porque temía que se agarrara a golpes con Gerson, con quien había tenido un problema en amistoso de 1969. Esto provocó que Didí al final del partido terminara en el camarín golpeado por el defensa peruano que no aceptó que lo haya mandado a la banca.

A diferencia de Didí, su compatriota “Tim” llegó a nuestro país en 1981 ya muy entrado en años.  Tenía 66  y aunque había jugado el mundial de 1938 en Francia, más se le conocía como entrenador y su célebre frase:  “El fútbol es una manta corta: si te tapas los pies te descubres la cabeza, y si te tapas la cabeza te descubres los pies”. Es decir si atacas con todo el equipo te descubres en la defensa y si te defiendes bien con muchos jugadores, dejas de ir en busca del gol.

Fue muy paternal con esa gran generación de seleccionados que clasificó al mundial de España 82. Uribe, Cueto, La Rosa, entre otros lo veían como un padre. Lamentablemente en la Copa del Mundo, se le vio muy agotado, perdió el mando del equipo. Problemas personales lo afectaron. La Blanquirroja fue un fracaso. El se fue del Perú y pronunció esta frase: “Me moriré algún día y nunca sabré qué le pasó a Cueto en el mundial”. Dos años después dejó de existir.