Ahora o nunca

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Columna En la boca del tunel
Columna En la boca del tunel

EN LA BOCA DEL TÚNEL

Escribe: Fernando Jiménez
Desde Ekaterimburgo – Rusia

Un día crucial. Clave. Con visos de hazaña o temor de catástrofe. Ojalá sea lo primero. Lo segundo nos sumiría en una profunda tristeza y decepción. Vencer o morir. Entre el cielo y el infierno. Son los adjetivos que se me ocurren. No estoy, a esta altura de mi vida, para pronosticar resultados, no soy chamán ni vendedor de culebras, o como los llaman ahora “vendedores de humo”. Solo quiero que Perú le gane a Francia, aunque sea por medio a cero. Con un autogol, o que la pelota le choque al árbitro y entre. Urge ganar, urge no defraudar a nuestros millones de hinchas que tienen la camiseta puesta desde hace algunos meses cuando esta selección los empezó a ilusionar.

 

He llegado a Ekaterimburgo tras soportar una odisea. Resulta que salimos el martes por la tarde del aeropuerto Sheremetyevo. Todo previsto. Salida del hotel a las 2 de la tarde. El vuelo salía a las 3 y 50. Había que hacer conexión en Sochi y de ahí a Ekaterimburgo. El avión se demora en despegar y decola a las 4 y 20 de la tarde. Nos malea la conexión, bajamos apurados de una nave a otra y nos cierran el acceso en la puerta de embarque. “Ya salió el vuelo”, nos dice impertérrito el guardián ruso que nos mira con una cara como diciéndonos: Se van de acá o aplico.

 

Carlos Solís y el doctor Manuel García, mis acompañantes se desesperan. Quieren tirar abajo el bonito aeropuerto de Sochi, mismos Osama Bin Laden. Los tranquilizo. Soy mayor que ellos y tengo que actuar con serenidad. La counter se asusta ante los gritos. Llama a Lucecita, una counter que habla español y nos cuenta que su madre es española y su papá ruso. Sonríe. Nos dice que tenemos que regresar a Moscú en Aeroflot y al siguiente día, miércoles, tomar un vuelo directo. Dos horas después estábamos regresando a Moscú. No pensábamos que la madrugada en los pasillos del aeropuerto iba a ser desesperante. Tras seis horas de gestión – nadie nos entendía – al final seguro dijeron: Pobrecitos hace rato que están jodiendo mejor embárquenlos.

 

Nos alojamos en un hotel frente al Estadio Arena Ekaterimburg. Juan Carlos Gambiarazio nos separa una habitación. Nos encontramos con él en la conferencia de Prensa de Gareca. Un moreno es el moderador. La jefa de Prensa de la FPF está a un costado. Espero que el moreno FIFA me pase el micrófono. Milenita Merino, quien está detrás mío, me dice: Levanta la mano Mencho, para que te pasen el micrófono. Así lo hago. Saludo a Gareca y le pregunto: ¿Haciendo un análisis del partido con Dinamarca que conclusiones saca del primer y el segundo tiempo? La pregunta tiene doble sentido. Una colega brasileña ya me adelantó consultándole sobre Paolo en su aspecto físico.

 

Gareca me dice que para él los dos tiempos fueron iguales con las mismas posibilidades de gol. Que Paolo está muy bien físicamente. Hace cuatro días dijo que no lo puso a Paolo de arranque porque no lo veía bien físicamente. Hay que celebrar que en cuatro días se recuperó. Palmas para Bonillo. Volvió a repetir que el equipo es más importante que las individualidades. Que nunca dio el equipo en una conferencia de Prensa y los primeros en saberlo son los jugadores que van a salir al campo. Se mostró sereno y sonriente. Unos cien periodistas estuvieron en la conferencia. A todos respondió con educación, como siempre ha sido de respetuoso.

 

Va cayendo la tarde en Ekaterimburgo. Nos topamos con cientos de peruanos abordando los aviones desde Moscú. Otros se vinieron por tren. Uno, a quien recién encontramos molido, nos dijo: “Ha demorado 38 horas el tren”. Solo quiero ir a mi cama y dormir para mañana estar lúcido para el partido. Y agregó: “Y a Sochi me voy en avión porque dicen que son 3 días de viaje”. Todo eso compensará si hoy le ganamos a Francia. Dios nos ilumine. No merecemos terminar una campaña que nos ilusionó a todos. Además, como siempre le digo a mis amigos: Lo último que se pierde es la fe y mientras haya fe, hay esperanzas.