Feliz Día del Árbitro

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Columna En la boca del tunel
Columna En la boca del tunel

Por Fernando Jiménez

Son personajes incomprendidos. Tengo muchos amigos en el arbitraje. Por eso se de sus alegrías y tristezas. De su talento y capacidad. De sus penurias y dramas. De lo que tienen que soportar a cobardes que los agreden como si pudieran defenderse. Hay partidos que veo solo por observar el trabajo de ellos. Son esos partidos sosos que dan sueño y mis ojos se posan en el que está al centro. Muchas veces termino aplaudiéndolos interiormente y otras criticándolos. A algunos se los hago saber, a otros no le digo nada, pero me llevo un concepto sobre su trabajo. He tenido tertulias con ellos en la que me ha faltado mandíbula para reírme. Sus anécdotas son imperdibles. Hoy escribo de ellos, porque se celebra el Día del Árbitro y merecen toda mi consideración.

El primer árbitro que me impacto fue un larguirucho blancón y de nacionalidad austriaca. Su nombre era Erwin Hieger. Sus arbitrajes eran admirables por el respeto que imponía. Una vez me contó Roberto Chale: “Estábamos jugando un clásico y Víctor Rostaing me pateó por atrás. Caí al suelo y Hieger le dijo enérgicamente a Rostaing que me levantara. Víctor se acercó hacia mí y segregando moco con saliva me metió un escupitajo en la cara dándole la espalda al árbitro para que no lo viera. Sentí el pollo en mi cara y me levanté rápido para meterle una patada a  Rostaing y el austriaco me expulsó. Rostaing le decía, ya ve todavía lo levanto y me patea. Por más que le mostraba el pollo a Hieger en mi cara no me hizo caso y me botó. Rostaing me despidió con una palmada y solo atiné a mentarle la madre”.

Cuando la terna arbitral peruana iba a Buenos Aires para dirigir la Copa Libertadores yo los esperaba fuera del estadio para regresar juntos al hotel. Una noche regresé en el auto que le ponía la Conmebol con Edison Pérez, César Orozco y Enrique Labó. Me tenían cariño y me invitaban a cenar en su hotel. Un día jugaron Independiente y Peñarol y Edison Pérez me contó cuando le pregunté por el jugador más respetuoso de ambos equipos: “Juan Ramón Carrasco. Se me acercó antes del partido y me saludó. Me dijo hola Edison, cómo está la familia. Te deseo suerte y si alguien de Peñarol te reclama yo te ayudaré a calmarlo. Dirige tranquilo, tienes todo mi respaldo”.

Y seguía Edison contándome: “En el primer tiempo, Independiente se le fue con todo y le ganaba 2-0 a Peñarol. Los uruguayos se defendían con todo. En una se escapa Carrasco y en el filo del área lo traban. Al toque cobré tiro libre. Pateó y bajó a 2-1. Cuando faltaban cinco volvió a entrar al área y lo jalan de la camiseta penal. Penal. Lo pateó él mismo y puso el empate. Peñarol empató 2-2 un partido que lo tenía perdido. Al final se me acercó Carrasco y me dijo: Por eso te quiero Edison. Solo atiné a reírme. Lo justo Juan Ramón, lo justo le dije”.

Tengo decenas de anécdotas. De César Orosco, el mejor de los recuerdos. Hace unos años yo calificaba a los árbitros en la edición del día siguiente. Un día me vio en la Puerta 4 del Estadio Nacional y me invitó a la COREJA (hoy CONAR). “Ven Mencho, pasa, pasa. Tienes que fortalecer tus conocimientos para que califiques bien. Y aprendí un poquito más”. Un abrazo en su día para todos mis amigos árbitros. Hoy es su día y que lo celebren de lo mejor.