Hace un año te fuiste

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Columna En la boca del tunel
Columna En la boca del tunel

Por Fernando Jiménez

Hoy se cumple un año de tu partida. Roberto Aguirre Pérez, fue uno de mis mejores amigos en Argentina. Era de Chimbote y Dios se lo llevó a los 60 años. Llegamos casi juntos a Buenos Aires. Reímos y lloramos juntos. Éramos dos chicos ilusionados. Solo teníamos 18 años y tuvimos el coraje de salir de casa a vivir una cultura diferente. Nuestro Perú no nos daba la posibilidad de surgir. 50 mil postulantes en San Marcos para que solo entren 5. Igual en Villarreal. La San Martín recién emergía en el mundo de las universidades. Las particulares, ni hablar. Ni soñar.

Allá en Buenos Aires encontré a Tito. Subía y bajaba las escaleras mecánicas. Nunca en su vida había visto una cosa similar. Yo sí, porque en Lima si habían. Me dio risa. ¿No eres argentino, no?, le pregunté. “No, soy peruano y tú”. Nos dimos un abrazo. Antes era muy raro encontrar un peruano en Buenos Aires. Éramos muy pocos y la mayoría estudiantes. Nuestra moneda era más fuerte que la de ellos, por eso nadie iba a trabajar, solo a estudiar. Especialmente los hijos de hacendados del interior del país y los aventureros como nosotros. A ellos les mandaban giros mensuales. A nosotros no. El Chino Velasco prohibió la salida del dólar del país.

Le decíamos “Cholo” de cariño. Nunca entró a una universidad. Se dedicó a trabajar. En el mundo del calzado, ayudante de obras, mozo. Pero tenía talento para hacer dinero. Y de a poco fue haciendo fortuna. Se casó con Nancy. Era cosmetóloga y le puso un Salón de Belleza. Él como encargado de un edificio. No pagaba alquiler. Conoció a Totito Ornetti, un argentino muy parecido a nosotros por su forma de ser. Era mecánico. Tito se compró un auto de segunda mano y ni pagaba arreglos mecánicos por Totito quien era muy generoso. Tito hizo fortuna. Llegó a tener 5 departamentos, 5 autos del año Ford, BMW y de otras marcas.  Algunos peruanos lo envidiaban. “Tú nunca me haces gestos de envidia”, me dijo una vez. Es que yo he venido a estudiar y no a hacer plata. Eso se consigue con el tiempo.

Cuando volví a Lima y viajaba a cubrir notas en Buenos Aires me iba a recoger al aeropuerto. Era mi unidad móvil. Se emocionada con los personajes que entrevistaba. Una vez lo llevé a ver a Julio Grondona a la AFA. Julio no daba entrevistas a nadie, pero su hijo Humberto, me ayudó a que me reciba. Tito era mi fotógrafo. El men de la AFA. Me regaló una camiseta de Batistuta. Cuando salimos a revelar el rollo no lo había puesto en la cámara. Nadie me va a creer que entrevisté a Grondona. Esta nota iba a rebotar en las Agencias Internacionales. “Nunca más te llevaré a una comisión”. Vamos, vamos, yo hablo con él para hacerle las fotos nuevamente. Fuimos y la puerta de AFA ya estaba cerrada.

Ahora me río. Cholo, sino me habrás hecho casa cosa. Hace un año se murió. Dejó a Nancy, Luquitas y Mariana, sus hijos. Con mi esposa Mireya un mes antes que muera. Fuimos a pasar el año nuevo con ellos. Cholo, te quise mucho, más de lo tú suponías. Fuiste como mi hermano. Ahora estás con Grondona arriba y dile que no pusiste el rollo cuando le tomaste foto. Ya vas a ver que te dirá: “No le di entrevista a El Gráfico y a Clarín y ustedes no me sacaron ni una foto”. Chau Tito querido. Ya nos veremos algún día y más vale que esté de buen humor cuando llegue arriba porque te voy a meter una patada en el traste, esa que no te metí cuando me malograste la nota con Grondona. No te rías. Te lo digo en serio.