LA SELECCIÓN DE LOS NIÑOS DEL GENERAL ODRIA

LA SELECCIÓN DE LOS NIÑOS DEL GENERAL ODRIA

Dr. José Luis Noriega

Que hayan visibles mejoras en los resultados en la selección de fútbol, por cierto absolutamente ajenos a las esferas de los gobiernos, u organizar los próximos Juegos Panamericanos, de ningún modo son muestras de un compromiso por el bienestar de la niñez y los jóvenes.

El abandono deportivo es una constante histórica desde hace centurias hasta la fecha; salvo las dictaduras de los Generales Manuel Odria de los 50 y Juan Velasco Alvarado de los 70, todos los gobiernos han despreciado la gravitación del deporte como instrumento de salud pública, soslayándolo por ende, como herramienta para combatir también la inseguridad reclamada por la comunidad.

Fue el gobierno del General Odria el que no solo fortaleció la política educativa, sino también la de su apéndice intrínseco, el deporte. Los niños de los 50 fueron precisamente los veinteañeros cracks de los 70, que nos dieron la alegría máxima de las últimas décadas, producto de la disciplina castrense y de la decisión firme y continua de gobernantes de facto, de sumarse a la iniciativa privada para afianzar el deporte.

Quizá hubo intereses políticos y personales tras las dictaduras militares, pero lo que por cierto hubo fue patriotismo y amor por el deporte propios del militar, que los condujo a adoptar medidas concretas para repotenciarlo. Las mejores épocas del deporte fueron bajo el militarismo, sino recordemos el respaldo a la natación, básquet, atletismo, o el valioso apoyo que le dio por décadas la Marina de Guerra del Perú al vóley nacional bajo el cual alcanzó el olimpo en los 60-70.
Existen múltiples ideas para relanzarlo pero a los democráticos no les interesa otorgarle el nivel prioritario que merece; en la escala política de valores sociales, el deporte no está mapeado. Para ellos el deporte, incomprensiblemente, solo se usa para psicosociales, es el último vagón del tren, no obstante tratarse de un segmento con grandes dividendos políticos, de lo cual pueden dar fe todos aquellos que han llegado a la política por solo haber practicado el deporte de elite.

No por organizar Juegos Panamericanos del 2019, obligados más por las sanciones internacionales que podrían acarrear no realizarlos, que por sus bondades mismas, es que debemos declarar sensibilizado a un gobierno con el deporte. Seguramente tienen más fijación en las obras de ingeniería perennizadas con placas recordatorias que consignan: “Pepito lo hizo” y otras dadivas muchas veces por debajo de la mesa que esperamos no ocurran esta vez; que en la esencia misma de las propiedades del deporte.

No pretendamos que los gobiernos estén liados a rabiar con el deporte, pero cuando menos apoyarlo con sinceridad, no solo para distraer la crisis de gobierno o levantar su pobre aceptación popular, sino en base a fórmulas efectivas y continuas, tal como ya ocurrió con nuestros coterráneos Chile, Colombia, Venezuela, etc. Han transcurrido 70 años. No podemos quedarnos en la estática de los septuagenarios niños de Odria, tenemos que reactivar la historia por vergüenza, y no precisamente deportiva.

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