Por: Fernando Jiménez // Crónica de una muerte anunciada

Si no es por uno es por otro. Un sinsabor más. Un fracaso que resta. Ya se veía venir. Caímos ante Canadá. Algunos dirán que fue por la expulsión de Miguel Araujo. Es verdad en parte, irresponsabilidad de meter la pierna y pisar con alevosía. Debió cuidar su puesto, la oportunidad que le dio Fossati. No entiendo porque muere con su línea de tres. Usted fue contratado para el recambio. No para que ponga a los veteranos y pretenda salvarse. Ya cumplieron su ciclo. Ya le dieron alegrías al país, pero basta, ya es hora que ayuden y comprendan que no están para la alta competencia por cuestiones de edad y de trajín.

Canadá es un equipo normalito. Nada del otro mundo. Salvo Alphonso Davies, el morenito que juega en el Bayern Múnich. Arrancó como volante y después bajó como lateral. Él nos hizo la fiesta más aún cuando expulsaron al irresponsable de Araujo. Yo no lo entiendo a Fossati ¿Qué le ve a Andy Polo para ponerlo? Un jugador sin sangre, sin despliegue. Sin frotación en su pecho. No ata ni desata. Ah, seguro juega porque él piensa que va a repetir faenas del torneo local.

Bien los centrales. Zambrano y Callens, los mejores de la selección. Defendiendo y poniéndole ganas en cada dividida. Jugándose su humanidad. Bien también Marcos López, aunque en una se le fue la mano y cabeceó a un rival. Son jugadores profesionales que deben cuidarse, que deben entender que está en juego una clasificación. Cartagena, en lo suyo. Buen primer tiempo, recuperando y ayudando a sus creativos. No entiendo, ni comprendo cómo vamos a ganar si Piero Quispe tiene la posibilidad de anotar y dispara como si estuviera dando un play de honor. Y el entrenador, afirma que él lo conoce, que sabe de su potencial. Por favor…

Sergio Peña solo cumpliendo. Pero con carencias para meter pases filtrados, con urgencias de ser el creativo en base a su experiencia. Si él no se pone el equipo al hombro, qué se puede esperar de Piero Quispe, a quien aún le pesa la camiseta de la selección. Y Lapadula, no es el mismo que se hizo querer con sus goles, en antaño. Muy zurdo, demasiado. Todo quiere definir con esa pierna y sin resolver de manera eficiente. En el primer tiempo tuvo hasta tres ocasiones de convertir, pero en una fue offside y en la otra no supo definir de derecha. Lo sacaron para que entre Paolo.

Guerrero pivoteó, trató de hacer las cosas bien, pero su ingreso fue muy tarde, quizá sea porque no responde más de esos minutos que le dan. Christian Cueva también intentó y en los pocos minutos que tuvo generamos más acciones de peligro. Un derechazo fue conjurado por el arquero. La “Culebra” Carrillo, una rémora. Ya dio todo, ya quemó, qué más se le puede pedir. Pero eso es lo que tenemos. Y Bryan Reyna igual, timorato, irresoluto, sin transpiración para lograr el objetivo. Edison Flores también intrascendente y sin aportar su experiencia acumulada en el fútbol internacional

Ya estamos muertos, eliminados. Esta columna la estoy escribiendo antes de saber el resultado de Argentina con Chile, pero con un punto faltando solo un partido en la fase de grupos poco y nada se puede hacer. Aceptemos nuestra defunción. No queda otra que reestructurar la selección. Apostemos por un equipo fresco y nuevo. Más oportunidades a Zanelatto, Grimaldo, el gringo Sonne, quizá ellos nos hagan salir de este pozo doloroso en el que estamos

Pero que les va a interesar a nuestros dirigentes, si determinan que en los equipos jueguen seis extranjeros y sumando también los nacionalizados. Cómo van a aparecer valores si nuestras divisiones menores no tienen oportunidad de mostrarse. Qué futuro nos espera, si Paolo quiere jubilarse en la selección. Si se vuelve a insistir en Carrillo, y tienen luz verde para seguir.  Hagamos una mixtura, no podemos tener tantos viejos en nuestra selección. Y ahora a pensar en las Eliminatorias.

Pero que nos van a hacer caso. Todos están enquistados en sus puestos, siguen lucrando, sin asumir responsabilidades, Asuman su derrota, que no solo es de la selección. O creen que nadie se da cuenta. Qué futuro nos espera. Falta una fecha, pero ya estamos muertos, aunque algunos digan que puede haber un milagro.