Por Fernando Jiménez
Guardo mi hígado en una cajita y me pongo a escribir. Quiero ser lo más frío posible. La derrota más que sorprenderme, me entristece. Un partido se puede ganar, perder o empatar. Pero caer sin argumentos, ya es preocupante. Junior de Barranquilla le ganó bien, no solo lo pasó por encima, sino hasta lo pudo haber goleado. Ese cerebro Víctor Cantillo, qué pedazo de jugador, inteligente a la enésima potencia y el morenito Chará jugaron como en su casa, como si hubiese nacido en Matute. Estaban en la canchita de su barrio
Ya es ocioso criticar a Pablo Bengoechea. Él no juega, pero conduce. Su estilo es ese que muestra el equipo y no da pie en bola. El asunto pasa por quién lo trajo a un equipo que no sintoniza con él. Pretendió maquillarlo con su tropa uruguaya (Leyes, Godoy) y argentina (Costa), pero ellos no sienten el fútbol de Ramírez, Cruzado y Ascues. Quizá Bengoechea pretende que ellos se vuelvan uruguayos con su fútbol vertical en demasía. Que es un decir, porque Alianza juega al rechazo. La pelota sale sucia de atrás y no elabora nunca. No porque no sabe sino porque cuando los habilidosos le dan una flor a su compañero, les devuelven un ladrillo.
Me parece preocupante que Alianza se refuerce con jugadores extranjeros de medio pelo para un torneo internacional. Y ahora que Alianza ya está eliminado qué. ¿Los trajeron para el torneo local?. De qué sirve. Cuando fácilmente le podría dar oportunidades a sus divisiones menores que esperan con ansías agarrar kilometraje jugando. Para qué clasificar a una Sudamericana si se va a hacer un papelón. Lo que hizo Alianza fue maquillar su equipo para justificar la alta planilla y le salió el tiro de la culata.
Un técnico demuestra capacidad cuando su equipo funciona y tiene una idea de juego. Un concepto, argumentos para ganar un partido. Y Alianza no sabe a qué juega. Los dirigentes aliancistas se darán cuenta de esto o tienen dos churrascos en los ojos y solo sirven para los ingresos y los egresos. Claro, ahora con las Administraciones Temporales pasa cualquier cosa. En lugar de salvar a un club, lo están hundiendo más. Es decir, el remedio fue peor que la enfermedad.
En Alianza pasa algo. De adentro. Ya me habían contado, pero no quise creer. El grupo no anda bien. Hay críticas internas a su entrenador. Y es que el jugador peruano no habla, maletea. No hay un caudillo que lo rete y le diga: Profe a qué estamos jugando. No lo hace porque teme que lo sancionen, pero cuántas ganas tendrían de hacerlo, aunque para eso hay que tener testes. La prueba está en esa discusión de Hohberg con Leyes. Para muestra un botón.























