Por Fernando Jiménez
“Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, no es el Loco ni el Pato, es el famoso Luis Chilavert…” cantaba la hinchada de San Lorenzo cuando caminaban hacía el estadio. Era mediado de 1985 y el gran arquero paraguayo llegó a las filas de los cuervos. Una de sus travesuras fue meterle un escupitajo en la cara nada menos que a Oscar Ruggeri, quien había sido su compañero en Vélez y también tenía fama de camorrero. Ruggeri se bancó el escupitajo y cuando lo vio que salía fuera de su área Chilavert le fue con todo como para partirlo. Lo salvó la voz de un compañero del “Cabezón” al gritar: Partílo a ese paraguayo HDP”. Chilavert saltó y Ruggeri pasó de frente con su carretilla sin tocarlo. Si lo agarraba volaban tibia, peroné, maléolos, meniscos y ligamentos.
A Chilavert lo entrevisté en 1997. Me enviaron de Todo Sport para hacerle una nota a Daniel Pasarella, DT de la selección argentina para Francia 98. El caudillo le dijo al jefe de Prensa, con quien yo coordinaba la entrevista: “No voy a hablar con Todo Sport porque cuando fuimos a Lima pusieron a Caniggia en primera plana: Llegó el Venao”. Sucede que días antes que Argentina a Lima llegaron fotografías de las agencias internacionales con las imágenes de la esposa del Canni con su masajista en la playa que le frotaba la espalda con crema bloqueadora. Y estaba de moda la canción de Los Pakines: El Venao.
No nos quedó más remedio que ir en busca de Chilavert, quien estaba en Necochea, a unas dos horas de Mar del Plata. Hacía la pretemporada con Vélez. Al llegar a la puerta donde se alojaba Vélez, el portero me dijo: Imposible. Ahora está durmiendo la siesta, pero te doy un dato habla con la cocinera, es su paraguaya como él, y es la única que lo convence. Si ella le dice, te atenderá. ¿Y si le doy una propina para motivarla?, le pregunté. No, no, no cometas ese error. Ella es como él: insobornable. Espera que le digo. Media hora más tarde estaba con Chilavert en medio de los jardines de la concentración.
La entrevista fue de una hora. Recuerdo que le dije: Hace media hora estamos conversando y no me has hecho ni un gesto de querer irte y cortar esto. Tenía otra imagen de ti. Que era un tipo hosco, duro, intratable, violento, pero nada que ver. (Se ríe). “Es la imagen que me hacen algunos, no soy tan fiero como me pintan. Te voy a contar algo, pero si lo publicas cuando te vuelva a ver te agarraré del cuello (Ambos nos reímos). Mira yo tengo una Fundación en Paraguay y mantengo a 100 niños. Mis amigos los buscan de los barrios pobres y le damos desayuno, almuerzo y cena. Además lo cobijamos en cuartos y los hacemos estudiar. Nadie sabe esto. Nunca lo dije. Te cuento porque me has dicho que tengo cara de hosco y duro. No lo soy”.
Me impactó. Más aun cuando Paraguay perdió en el último minuto en el Mundial de Francia 98 y levantaba a sus compañeros quienes lloraban en la cancha. Ese ese el caudillo Chilavert.























