Por Fernando Jiménez
Aún recuerdo ese 5 de octubre del 2017. Paolo ejecutó un tiro libre que sacó con las justas “Chiquito” Romero. Casi lo sorprende, faltaba solo un minuto para que termine el partido. Yo estaba en el Palco de Prensa sufriendo y juntando los dedos. Un periodista también se emociona. Es mortal. No es un iceberg. Habíamos sacado un punto. Me quedo estático en mi asiento y los colegas argentinos empiezan a pedir permiso en las incómodas carpetas del sector de prensa. Boca nunca tuvo un palco para los periodistas como la gente. No me sorprendía ahora. Me quedo mirando estático el campo. Paolo sonríe. Se le acerca Mascherano y le da la mano. Minutos antes se pecharon. Messi pasa raudo a su vestuario. Gareca está serio. Sabe que es un resultadazo, pero también percibe que las cámaras están detrás de él, de algún gesto. Los empates no se festejan le pueden decir.
Nadie imaginaba lo que ocurriría después. Paolo y “Orejas” Flores van al antidoping. Se teje un mar de conjeturas después. No lo acompaña esta vez el doctor Jorge Alva. Va el médico argentino. Paolo no puede orinar. Le dan una botella chica de cerveza para que acelere su micción. Al final lo hace. Después diría vi algo raro, el frasco no estaba sellado. Conjeturas. Todos especulamos. Le cambiaron el frasco. Hay antecedentes de como lo hacían con Maradona en Nápoli y en el mismo Buenos Aires. Hasta que al final LA FIFA lo acorraló. Y lo dejó sin Mundial 94 en Estados Unidos. Todo estaba planificado. Hasta metió a una gordita enfermera para que lo saque de la cancha de la mano y lo lleve al tópico.
Nuestro país empezó a vivir momentos tormentosos. No lo podíamos creer. Ya habíamos alcanzado el repechaje tras el empate ante Colombia en el Estadio Nacional. Nos faltaba Nueva Zelanda. Todo el país respaldaba a Paolo. No tenía antecedentes de este tipo. Era un jugador ejemplar. Cuando una periodista dudó de su honestidad la metió presa. ¿Qué hacer?. Jefferson Farfán le dedica su gol ante Nueva Zelanda, gol de Ramos, minutos rompimos la racha. Perú al Mundial de Rusia. Pero la felicidad no era completa. Faltaba nuestro ídolo. No podíamos resignarnos a perderlo. La FIFA fue implacable. Le puso un año y después le bajó a 6 meses. Algarabía. Podía jugar el Mundial.
Pero Paolo apela al TASS. Quería limpiar su imagen. Y le salió el tiro por la culata. Le aplicaron 18 meses. Muerto. El país conmocionado. Hasta que el “Tigrillo” Navarro vio una luz. Tenía una fuente digna de todo crédito que le daba una salida. La única. Oviedo se interesó en el tema. Pidió una audiencia con Infantino. Se fueron juntos a Suiza. Dizque el men de la FIFA los habría aconsejado que le dieran la venia para que juegue el Mundial. Acceden. Felicidad total. Le llevaron su maleta a Suiza donde Perú jugaba un amistoso. Faltaban pocos días para el Mundial.
Ha pasado el tiempo. Paolo debe haber sufrido horrores. Ahora vuelve a la cancha. Suela volver a pisar una cancha de fútbol. Falta poco, ha esperado tanto que ya ni hay ansiedad. El 3 de abril vuelve a su verdadero amor. El fútbol. Y nosotros deseando que le vaya de lo mejor. Paolo nos llevó al Mundial con sus goles. Que nadie lo olvide. No habrá más penas, ni olvidos.



















