Por: Fernando Jiménez // Desde Los Ángeles

Una leyenda viva

Hola Mencho ¿Tienes tiempo?, me pregunta el domingo pasado. ¿Qué pasó Lucho, estoy en pleno cierre de edición? Era la voz de Lucho Izusqui, por el celular. Estoy con un productor peruano amigo y quiere hablar contigo porque tiene planes para cubrir la Copa América, me dice. Lucho, el martes por la noche viajo a Los Ángeles, qué te parece si ahí, mejor hablamos en vivo y en directo. No me quiero distraer porque estoy en pleno cierre, le digo. Y queda, la cita será cuando llegue a Los Ángeles, ciudad en la que Lucho reside ya hace 20 años consecutivos. El domingo pasado quedo con Elito Gonzales, quién será mi reportero gráfico en esta Copa América y quedamos en ir. El también conoce a Lucho, desde hace un par de años.

Son dos horas de auto hasta el lugar donde vive Lucho. Aventure Park es la zona. Hacía ahí enrumbamos. Nos deslizamos por las maravillosas autopistas de esta ciudad. Rodeada de árboles y áreas verdes, que hacen admirable el paisaje. Nos acompaña Edward, hijo de Elito, quien es doctor en Ciencias Políticas y profesor en las universidades de Estados Unidos. Al filo de las 4 y 30 de la tarde, llegamos a su casa. Nos recibe su esposa Ada, la compañera de toda su vida. “Ha salido a comprar, en unos minutos regresa. Los está esperando”, nos dice la doña y nos sirve limonada y agua mineral. De pronto aparece Lucho, qué pasó se adelantaron. Pensé que llegaban a las 5, parece que ustedes no son peruanos, señala riéndose

Le doy un fuerte abrazo. Hace 10 años no nos veíamos de cuando fue a Lima y compartimos estudios en Radio Nacional, en el programa La Cátedra, de Martin “El Cura” Fernández. Disculpe maestro, qué edad ya tiene usted. Y responde muy orondo: 94 años vivito y coleando. Lo miro con ternura. Qué lucido estás Lucho. Tienes una memoria impresionante. No parece la edad que tienes, le digo. ¿Eres de familia longeva?, le pregunto. Mi mamá falleció a los 97 años, me responde.

Su casa es bonita, amplia, con mucha luz exterior. Su sala tiene un televisor de 70 pulgadas. A un costado el sofá y dos sillas de estar. Nos muestra su estudio, sus auriculares, dos laptops y una de reserva. De esta emito el programa y en la otra busco en el google o en la Wikipedia, cuando me preguntan algo que no se o se me haya ido. Mi programa es de lunes a viernes, desde las cinco de la tarde y sigo con El Mundo del Automóvil. Chupo Arriola, es mi corresponsal en Lima y sale los lunes. El Chupo es espectacular, sabe todo, y hasta recibe saludos de los que lo escuchan

Lucho Izusqui tiene mucho que contar. Decido hacerle una entrevista larga, de esas que hacía en los primeros años de fundación de Todo Sport, los clásicos 100×100, que me copié de la revista El Gráfico. Se desnuda mejor al personaje y se descubren, a veces, cosas inimaginables. A Lucho siempre lo admiré. Era el relator estelar de Ovación, de radio El Sol, desde 1964, cuando se fundó Ovación. Le cuento algo: Cuando era niño estaba prendido al televisor en agosto de1969. Me comía las uñas porque quería que Perú le ganara a Argentina, en esas Eliminatorias para México 70

¿Y qué pasó?, me pregunta. En la TV narraba don Eduardo San Román, otro gran periodista, pero Ovación tenía más dinámica en sus transmisiones y yo embelesado con Pocho, contigo, con tu voz estentórea. Entonces, bajé el volumen del televisor y los escuchaba a ustedes. En una parte relatas antes del gol de Perico, algo que nunca se fue de mi mente. Fue cuando en pleno relato dijiste esto. “Se va por derecha Bernao, pero surge Chumpitaz, alto valor del equipo peruano. Se lleva el balón bajo tribuna de oriente, envía un pase largo para que la tome Alberto Gallardo, la baja de pecho entre Perfumo y Basile, se la pone al pie derecho, sale Cejas, remata y goooool peruano, gooool de Perú”. Y Pocho que golpeaba el pupitre con su clásico gooool, gooool, gooool y Germán Villalobos que gritaba Barrington, el casimir perfecto de pura lana

Se le nubla los ojos, lo hago emocionar y me dice: Sí me equivoqué era Perico, no Gallardo, pero nadie se dio cuenta porque Pocho, con toda su sapiencia empezó a gritar Gol de perico, Gol de Perico, extraordinario, sensacional. Qué bien recuerdas eso, me dice. Es que yo te imitaba de niño cuando me duchaba y mis hermanas se reían. Yo era hincha de Ovación, de Pocho, de tu persona, de Germán. Uy no tienes idea como escuchaba el programa central de 7 a 8 de la noche en Radio El Sol, mientras hacía mis tareas escolares. Ustedes eran tan iguales para mí que el Nene Cubillas, el Cholo Sotil, Roberto Chale…Y eso que nunca imaginé que iba a ser periodista.

Han pasado dos horas, le he hecho una entrevista de una hora, que saldrá publicada en Todo Sport, en los próximos días. Nos lleva a comer a un restaurante La Limeña, de un amigo de él, que su hijo trabajó con Gastón Acurio. Nos deleitamos con un lomo saltado espectacular. Al final nos despedimos. Le doy un fuerte abrazo y me responde con afecto. Gracias por ser parte de mi niñez con tus relatos espectaculares. Y le prometo enviarle el PDF con su entrevista. Lucho Izusqui, leyenda viva de nuestro periodismo.