River y Boca amor y odio

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Columna En la boca del tunel
Columna En la boca del tunel

Por Fernando Jiménez

Sin temor a equivocarme, creo que el primer clásico entre Boca y River, que vi como periodista fue a mediados del 80. Recién empezaba y por ese tiempo no había acreditaciones ni cosa que se le parezca. Fui a la Bombonera y en el control de puertas mostré mi credencial de Corresponsal de Ovación que me la envió Freddy Lazo con la firma de Pocho Rospigliosi. Soy de Perú, les dije a los de la puerta mostrándole mi carné. Tenía una cámara fotográfica chica colgada sobre el pecho. Uno de ellos me agarró del brazo y me llevó a la puerta por donde entran los gráficos. Me sorprendí porque yo tenía que ir al Palco de Prensa.

Ni bien atravesé la puerta y entré a la cancha con el aliento en la nunca. Fue impresionante lo que sentí en ese momento porque las tribunas están pegaditas al campo de juego. Impávido y nervioso miraba a las tribunas que esbozaba gritos ensordecedores agitando el brazo derecho. En mi interior me hice una pregunta: ¿Y en esta cancha se puso rebelde Roberto Chale?. Qué coraje, por Dios. Admirable. Aun no conocía a Roberto personalmente. Me fui al arco donde estaba el Pato Fillol para ver los ataques de Boca. Me daba vergüenza que me vean con mi camarita mientras los demás poseían unos lentes que parecían unas bazucas.

Empezó el partido y en la zaga de River estaba Daniel Alberto Pasarella. Detrás del arco se escucha todito lo que hablan los futbolistas. Aunque ahora se cuidan por las imágenes y el sonido con fidelidad de la TV. Por ese tiempo solo los reporteros gráficos y el intruso que escribe esta nota escuchábamos todo. De pronto hay un córner favorable a Boca y escucho a Pasarella que le dice a Hugo Osmar Perotti, un puntero bullidor de Boca de esos años. “¡Mono salí de acá, ándate, salí de acá!”. Perotti lo mira y le responde: “Tranquilo Daniel, tranquilízate”. El caudillo capitán lo vuelve a amenazar: “Ni intentes cabecear que te rompo la boca”. Justo viene el córner Pasarella va a la dividida con Perotti despeja de cabeza y el “Mono” cae tomándose la boca. Sigue el juego, el mismo Pasarella le avisa al árbitro para que lo atiendan. El juez se come el amague y le dice: Buen gesto Daniel, usted es un buen compañero. Perotti salió en camilla ante el consuelo de Pasarella.

Al siguiente día solo la revista El Gráfico tenía esa foto. Se ve claramente como salta a cabecear y le mete un codazo en la boca. El lector lo habrá pasado por alto, pero yo escuché la amenaza. ¿Usted cree que al final Perotti se quejó ante José María Muñoz en la radio?. O hizo un gesto para que el árbitro le muestre la tarjeta roja. No existía eso, por ese tiempo. El delantero sabía que estaba expuesto a esa clase de agresiones. Y nadie se quejaba. Aguantaban como machos y también daban, dejaban el taco, ellos no eran nada tontos. Y también se trabajaban a la boquilla.

Ese debe ser el clásico que más tengo en la mente. Ganó Boca 1-0. No recuerdo quien metió el gol, pero si sentí los alaridos de los hinchas que bajaban las escaleras para tocar el alambrado. River y Boca son rivales eternos. Se odian, pero se necesitan. Y ahora por primera vez en la historia jugarán una final de Copa Libertadores.