Las Barras Bravas

Columna En la boca del tunel
Columna En la boca del tunel

Por Fernando Jiménez

Hay películas que ya las he visto. Y algunas ni me sorprenden, pero si me provocan repulsión. La rebelión de las barras bravas las he visto de cuando era un imberbe muchacho que aún no definía su futuro. He visto represiones dictatoriales y democráticas y la verdad que esos energúmenos a los que más les tienen miedo es a los primeros, con los segundos se zurran en sus propias caras. Y es que se respaldan en los derechos humanos y en los abogados de turno que los defienden. Lo que ha sucedido el sábado pasado con los violentos hinchas de River fue falla del sistema de seguridad, como ya lo reconoció el Intendente de la Ciudad de Buenos Aires.

“Tengo dos fechas de suspensión” me dijo un día Carlitos, fanático de Boca, conserje con quien trabajábamos juntos en la oficina en Techint. Era loco, demasiado, extremadamente apasionado por Boca. Creo que sentía más amor por Boca que por su novia misma. ¿Por qué te expulsaron?, le pregunté. “No, no. No me han echado de ningún partido. Me chapó la “yuta” (Policía) y en la comisaría me pusieron dos fechas porque no tenía arma punzo cortante, solo gritaba el triunfo ante River el domingo pasado”. Solo atiné a reírme y a indagar cómo era eso de la suspensión y cómo iba a cumplir esas dos fechas. Era noviembre del 81 y estábamos en años de dictadura militar.

Carlitos me siguió contando: “Nos llevan a la comisaría. Piden la cédula (DNI), nos registran, el oficial que nos capturó le dice al comisario cual ha sido la falta y él nos dice, dos fechas, a otros les dan tres, cuatro y la máxima es cinco fechas. ¿Cómo las cumplo?. Cuando juega Boca tengo que ir media hora antes a la comisaria para firmar mi asistencia y nos meten a una celda hasta las seis de la tarde que más o menos ya terminó el partido y evacuaron a toda la gente. Nos ponen una radio grande o mini componente y escuchamos el partido por Rivadavia. Somos 30 o 40 en una celda. Hay tipos de todas las calañas, yo soy uno de los más decentes, jajaja”, se ríe.

¿Y si no vas?, le vuelvo a preguntar. “Sino voy, no se hacen problemas, esperan que vuelva a caer y como estoy fichado en la lista de los revoltosos, ahí si me canean un mes en Villa Devoto”. Pienso que si todos fueran apresados no alcanzarían las cárceles en Buenos Aires. En gobiernos militares no existen los derechos humanos. No hay Congreso, es una dictadura y las sanciones son más severas. Por esa época, en la época de Videla, ya había 30 mil desaparecidos. Y el aniquilamiento había sido feroz.

Un par de años después volvió la democracia, asumió Raúl Alfonsín en 1983 y empezaron los desbordes. Ya se veía a marihuaneros por el Obelisco, prostitución en centros de masajes, emergió la figura del tristemente célebre El Abuelo, jefe de la barra de Boca, los apretadores a dirigentes y jugadores. Apareció la barbarie. Por eso les digo. Esta película ya la he visto. Y los dirigentes de Boca y River también, que no se hagan los desentendidos.